Una de las imágenes de mi infancia que recuerdo con más cariño es cuando iba al parque a jugar con mi coche de radiocontrol. Era todos los domingos cuando, bien mi padre o mi abuelo, me llevaban para jugar con el resto de amigos. Echábamos carreras donde nos cogíamos a nuestros héroes de aquella época. Yo siempre me cogía a Alen Prost, el piloto francés. Mi amigo Víctor era de Ayrto Sena. En esos días no había ni Fernando Alonso ni Carlos Sainz, por eso la F1 no tenía tanto tirón en España.
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