Las uvas foráneas mejoran los vinos españoles.

Uva Merlot

La combinación entre las variedades de uva autóctona y otras procedentes de otras latitudes, principalmente de Francia, aunque plantadas en España, están diversificando y mejorando los vinos españoles, que ya de por sí cuentan con un importante reconocimiento internacional. Esto se está pudiendo llevar a cabo gracias a los avances en la tecnología y en la ingeniería genética aplicados a la agricultura.

España tiene sus propias variedades de uva. La predominante es la uva Tempranillo, que adopta diferentes nombres dependiendo de la región en la que se plante, como Cencibel en la Mancha o Ull de Llevre en Cataluña. Otra uva tinta oriunda bastante extendida es la garnacha, abundante en regiones como Jumilla o Cariñena.

Respecto a las uvas blancas españolas, la más habitual es la variedad Airén, aunque luego tenemos uvas propias de determinadas regiones vinícolas muy interesantes como Albariño y Ribeiro en Galicia, Pedro Ximenez en la campiña de Jerez o Verdejo en la Denominación de Origen Rueda.

El que estas uvas sean las predominantes en España es porque son las que mejor se adaptan a las características de la tierra y a las condiciones climatológicas, propias de un clima mediterráneo.

Para añadir matices y enriquecer la producción nacional, llevamos años plantando en nuestro país otras variedades de uva propias del clima continental como las uvas Cabernet Sauvignon, Merlot o Chardonnay.

Para ello se han tenido que adaptar estas variedades a las condiciones del terreno nacionales, por medio de la ingeniería genética y desarrollar y mejorar los sistemas de riego.

Algo que ayuda mucho a la introducción de estas variedades es que muchas de ellas se crían ya en viveros españoles, como Plantvid, un vivero valenciano referente en el sector vinícola que combina las técnicas tradicionales de injerto con las nuevas tecnologías.

Hoy, los etnólogos y productores de vino son auténticos alquimistas que mezclan diferentes variedades de uva, para alcanzar la excelencia.

Estas son algunas variedades foráneas que se han introducido en los viñedos españoles.

Cabernet Sauvignon.  

Esta es una uva tinta de origen francés, aunque en los hechos se encuentra extendida por todo mundo. Es una cepa de regadío, de gran producción, con la que se obtienen vinos con cuerpo y con un color rojo intenso propio de los vinos burdeos.

Una de sus características es que pueden aportar diferentes matices al vino, dependiendo del clima al que estén sujetos. Así encontramos notas de pimiento verde en tierras de clima frío, y notas a grosella, mora o cereza en climas cálidos.

Otra de sus propiedades destacadas es el envejecimiento tan interesante que ofrece. Presentando notas complejas con sabor a tabaco, cedro o chocolate a medida que el vino va envejeciendo.

En nuestro país, esta variedad se ha introducido con éxito en regiones vinícolas como el Priorat (Cataluña), Somontano (Aragón) o en Navarra. Obteniendo con ellas vinos de calidad superior y con una personalidad marcada.

En regiones donde el Tempranillo es la variedad dominante como Ribera del Duero, Valdepeñas o La Mancha, el Cabernet Sauvignon se emplea para matizar y enriquecer los vinos autóctonos.

Este vino es apreciado por chefs y sommeliers, debido al maridaje que presenta con carnes rojas, guisos a fuego lento y platos con salsas intensas, realzando y matizando el sabor. Algo que sin duda ha contribuido a que se gane un reconocimiento especial.

Malbec.   

Esta es una uva tinta de origen francés que ha alcanzado una gran implantación en Argentina. La web de turismo Luján de Cuyo, una comarca perteneciente a la provincia de Mendoza, señala esta uva como una de las señas de identidad de esta zona dedicada a la producción de vino.

La uva Malbec llega a Mendoza a mediados del siglo XIX, junto con otras variedades de uva provenientes de Francia, como el Cabernet Sauvignon. Sin embargo, es la uva Malbec, que los argentinos llamaban “uva francesa”, la que mejor se adaptó al clima y al terreno.

Es curioso como los franceses llaman a esta uva Malbec, que proviene de la expresión Mal Bouche, que traducido al castellano significa “Mal Sabor”, por su aroma excesivamente afrutado, mientras que los argentinos consideran a esta uva una delicia. No en vano, ha contribuido a colocar los vinos argentinos entre los más valorados del mundo.

En España llama la atención como la uva Malbec, que es propia de climas frescos, sin demasiada variación de temperatura, sea en Jerez una de las zonas donde más ha triunfado. Plantándose en suelos albarizados, con una gran cantidad de arcilla blanca, típicos de la campiña jerezana. Esto se debe a que este tipo de terreno retiene bien el agua y la humedad a pesar de la escasa pluviosidad.

En otras regiones vinícolas como La Mancha y Ribera del Duero están utilizando esta variedad de uva  algunas bodegas que apuestan por innovar.

Merlot.

La uva Merlot es la más plantada en Francia y una de las que más se están introduciendo en el campo español. No en vano está reconocida como variedad de uva autorizada en las denominaciones de origen de Ribera del Duero, Valdepeñas, Rueda, Navarra y Costers del Segre (Lérida).

Es una uva temprana, en España se recoge en agosto, y con ella se obtienen vinos de un color azul oscuro, que puede presentar tonos verduscos. Caldos suaves, frescos y afrutados, con un nivel de graduación alcohólica ligeramente inferior a otras uvas tintas y con una textura algo más líquida y sedosa, aunque tiende a adquirir cuerpo.

Una de sus características más apreciadas en nuestro país es que combina bien con la uva tempranillo, la cual suaviza, en cierto modo, adaptándola más al gusto y los estándares europeos.

Su sabor afrutado se potencia más en climas cálidos, como California y Australia, zonas donde también se ha introducido esta uva, adquiriendo un sabor cercano a las frutas rojas con toques de chocolate o mermelada.

Es un vino, que a pesar de ser tinto, combina bien con pescados y mariscos y con platos de verduras y setas.

Chardonnay.   

Chardonnay es una uva blanca francesa de regadío, propia de climas húmedos, con gran cantidad de precipitaciones y con la que se elaboran vinos blancos potentes, con una alta acidez y de un sabor afrutado.

Llama la atención como esta uva se ha hecho predominante en Nueva Zelanda, donde se ha convertido en una seña de identidad y ha colocado los vinos blancos de este país entre los más apreciados del mundo.

Dice la página web de la bodega neozelandesa Puerto de Oriente que esta variedad no es la primera uva europea que se introduce en esta isla de Oceanía, pero sí fue la que mejor terminó adaptándose a las características del terreno.

Desde finales del siglo XIX, las bodegas de Nueva Zelanda apuestan por la innovación. Para satisfacer, en primer lugar, los gustos exquisitos de la población criolla que se ha formado en la isla desde la colonización británica. En ese periodo de experimentación, la uva Chardonnay se va ganando un hueco, sobre todo, a medida que la producción de vino neozelandés se va modernizando y logra colocarse en el mercado internacional. Cosa que sucede en las últimas décadas del siglo XX.

En España se planta esta variedad porque es altamente productiva. Cada cepa de Chardonnay produce entre 4 y 6 Kg de uva, frente al kilo, no llega, que produce de media una cepa de secano de Airen, la variedad de uva blanca española.

En nuestro país esta uva es predominante en la comarca del Penedés, para la fabricación de cava y en Navarra, para la elaboración del blanco navarro. Aunque, en los hechos, está bastante extendida por todo el país.

Riesling.

Esta es una uva blanca que proviene de la ribera del Rin, en Alemania. No es la uva blanca foránea más plantada en España, pero sí es una de las más apreciadas.

Con ella se elaboran vinos con una alta acidez, con notas de sabor a manzana verde y melocotón y aromas cítricos que recuerdan al limón, la lima y el pomelo.

Es un vino blanco que facilita un interesante envejecimiento, desarrollando aromas terciarios complejos como miel o cera de abeja. Su extremada acidez le confiere la capacidad de ir envejeciendo durante décadas, desarrollando nuevos aromas a medida que pasa el tiempo.

La resistencia y adaptabilidad de esta cepa es otra de las cualidades que la hacen atractiva para los viticultores españoles. Es una variedad de uva que se adapta bien a cualquier tipo de terreno y que produce incluso en condiciones de heladas primaverales.

La uva riesling se está plantando en Somontano (Aragón), en Alicante y en Utiel Requena (Valencia). La bodega Torres la introdujo en el Penedés, para producir vinos blancos de alta calidad, destinados a la exportación, basados en esta variedad de uva. Y en el País Vasco podemos encontrarla mezclada con variedades locales como Ondarri Zuri para producir vinos de autor.

La integración de uvas foráneas en la producción vinícola española no es un signo de debilidad, sino todo lo contrario. Una manifestación de cómo la creatividad está marcando el vino español.

 

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